domingo, 2 de diciembre de 2012

El Primer diciembre sin mi padre

Uno de mis vecinos se levantó temprano hoy, dos de diciembre, y empezó a colocar música decembrina a todo volumen. Aún me encontraba en la cama, y por mis oídos y mis recuerdos desfilaron, uno tras otro, Aníbal Velásquez, La Sonora Matancera, La Billos, Diomedes Diaz, El Binomio de Oro, etc., y una profunda nostalgia invadió mi ser, tanto, que no pude contener algunas lágrimas, lagrimas de hombre, esas que nosotros, los del supuesto sexo fuerte, tratamos a todo momento de ocultar, y que, sin embargo, en esta oportunidad hice quedar mal al género, ya que no lo conseguí a la perfección, pues mi compañera de siempre se percató y me ha brindado un fuerte abrazo, y ahí sí no me pude contener y solté todo el repertorio lagrimal que mantenía represado y que pugnaba por salir a chorros desde tiempo atrás. Y no era para menos, hace dos meses mi padre partió del mundo de los vivos y ha dejado un profundo vacío en nuestra familia; y nada mejor, para mí, que desahogarme escribiendo, así que me levanté de inmediato y empuñé el teclado. 
Diciembre es una fecha especial, alegre, parrandera, pero muy triste para los que sufren, pues el dolor se multiplica. Y es que uno empieza a recordar las navidades anteriores que estuvo al lado del ser querido que ya no está. En vista de que no solo soy yo el que se encuentra triste en la familia, de antemano encargué un par de patos para guisarlos el siete, sin música, al lado de mi madre, mis hermanos y mis hijos, y es que acompañado el dolor se mitiga.
Ahora, amigos lectores, a compartir con los suyos, a disfrutar al máximo esta fecha especial, a dar un abrazo de cariño y un beso a tiempo al ser querido; y a los que les guste el ron, pues a emborracharse, los que prefieren la buena mesa, pues a engordar, a los mujeriegos y a las hombreriegas, a retozar (no olviden llevar condones de marca), pero guarden algo para enero, que el año nuevo no los coja sin dinero; bueno, si es que no se acaba el mundo antes.

---------------------------------------------------------------------------
Hace muchos años, me atrapó diciembre en una caótica situación económica, y no tuve para comprarles a mis hijos, entonces con tres y cuatro años de edad, el regalo de navidad el veinticuatro de diciembre, pero a primera hora de la mañana del veinticinco, llegó a mi casa un tío que estuvo vendiendo juguetes la noche anterior, y al enterarse de la situación me invitó a su casa con mi niña, Zarina, para que ésta seleccionara el juguete que ella deseara, con la condición de que yo no podía intervenir. Mi tío había recuperado el dinero invertido, pero la ganancia le quedó en juguetes, así que entramos a un cuarto donde había en cantidades desde el juguete más sencillo hasta el más sofisticado. Quedé impresionado y haciendo fuerzas para que Zarina escogiera un juguete valioso, mi tío me la quitó de las manos y la instó a escoger por su cuenta. Ella paseó la mirada por toda la habitación, y la detuvo en una sombrilla pequeña, se acercó y, para mi decepción, la tomó. Mi tío echó a reír, pero nos dio una segunda oportunidad, Zarina debía elegir otro juguete, y ella volvió a pasear la mirada por toda la habitación y escogió… otra sombrilla.

Un veinticuatro de diciembre anterior, uno de mis mejores amigos al que apodaban ‘El Niño’ se encontraba sin trabajo, y en la noche estaba deprimido porque no tenía ni para la comida ni para darles el regalo navideño a sus cinco hijos pequeños. Yo no contaba con mucho, pero le colaboré con lo suficiente para qué pusiera la cena; pero de pronto, para su fortuna, apareció ‘El Chino’, un amigo en común, que al enterarse de la situación lo invitó a traer a sus mujer y a sus hijos, y juntos nos fuimos para la Feria del Juguete, allí le compró buenos regalos a los hijos del ‘Niño’ y ropa fina a su mujer; quedé impresionado por tan gran muestra de solidaridad; sin embargo, un mes después estalló en el barrio la noticia de que ‘El Niño’ atrapó a su esposa en la cama con ‘El Chino’, ¡con razón dijo un cachón!


Cuando andaba por los catorce años en Maicao, vivía a la vuelta de la casa un amigo de la misma edad, al que los padres, de muy buena situación económica pues eran dueños de un gran almacén, nunca le daban regalos de navidad. Mi hermano tenía una bicicleta vieja, y aquel muchacho, al que llamaremos Vicente, una mañana se le acercó y le ofreció una suma de dinero por el alquiler de esa bicicleta durante tres horas, mi hermano aceptó en el acto; imagínense, el monto era la cuarta parte del valor de una bicicleta nueva. De allí en adelante Vicente venía casi todos los días con la misma oferta. Al cabo de quince días mi hermano, producto de la bonanza, compró una bicicleta Benotto, el modelo de moda de ese entonces, y vendió la vieja a Vicente por un excelente precio, pero éste colocó como condición que la continuáramos guardando en casa. De allí en adelante se vino la locura. El muchacho extraía el dinero a escondidas de sus padres, y con eso compramos escopetas, radios, balones, más bicicletas, más escopetas, íbamos a restaurantes finos, tomábamos taxis, hasta que todo se salió de control y fuimos descubiertos en ambos hogares. Los juguetes, ya en mal estado y que guardábamos en casa diciendo a nuestros padres que eran del muchacho, fueron destruidos, y papá, luego de propinarnos una zurra, acordó pagar en compensación una suma al padre del muchacho durante seis meses, pero recuerdo que tal suma no era ni una milésima parte de lo que habíamos derrochado. Años más tarde ese muchacho entró a una universidad en Barranquilla, y su padre, que continuaba siendo un tacaño de raca mandaca, con tal de ahorrarse el valor del pasaje lo embarcó en un camión de mudanzas de un amigo, con tan mala suerte que el vehículo se volcó a mitad del trayecto y Vicente murió.

Estoy en El Heraldo

12 comentarios:

  1. Así es, Reptil, el bueno de Vicente.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. El destino está escrito,lamentablemente...
    Cuídate mucho,Antony.Mi abrazo inmenso.

    ResponderEliminar
  3. Vaya, que este post podría haberse titulado tranquilamente "Cuentos de Navidad en Colombia". Jejeje. Bueno, ahora está mi hermano por allí dónde pasará las fechas, por lo que esta navidad, sumado a una baja en la familia hará que tengamos unas navidades bastante tristes, y lo único que tiene esto de bueno es que las navidades del próximo año, pese a esa baja, seguro serán muchos mejores. Muy buenos los relatos.

    Bicos ricos

    ResponderEliminar
  4. Desde aquí te mando todo mi cariño y toda mi fuerza para que lleves con más entereza si cabe, la ausencia de tu padre.
    Y ves... que aunque las situaciones se pongas feas... muy feas... los Reyes Magos siempre vienen?????
    Muchos besos cariñosos desde España amigo.

    ResponderEliminar
  5. Nada se puede hacer contra la muerte.

    Te mando un abrazo.

    ResponderEliminar
  6. Tres historias, tres juguetes, tres finales. Inocencia, interés y desinterés. Que variada es la fauna humana. Muy buenos los tres relatos.

    Un beso (post-navideño)

    ResponderEliminar